Todo lo que sientes cabe aquí.
Elige un tema y ve a tu ritmo. No tienes que leerlo todo.

Hay espacio para lo que sientes.
Puedes necesitar compañía, estar triste o vivir algo diferente. Empieza por aquí.
Toca una pregunta para abrirla.
¿Qué hago cuando me siento solo?
Mereces tener compañía.
Sentirte solo no significa que haya algo malo en ti. Puedes pedirle a alguien de confianza que pase un rato contigo.
Puedes decir: «Hoy me siento solo. ¿Podemos hacer algo juntos?»
¿Tengo que ser fuerte todo el tiempo?
Puedes sentir lo que sientes.
Puedes estar triste, sentir enojo o no saber qué te pasa. No necesitas fingir que estás bien para merecer cuidado.
Busca a alguien con quien te sientas cuidado y dile cómo estás hoy, aunque sea con una sola palabra.
¿Y si mi historia es diferente?
Aquí también hay espacio para ti.
Tal vez extrañas a otra persona o te sientes solo por otra razón. No necesitas comparar tu historia con la de nadie para hablar de ella.
Quédate con la pregunta que se parezca a lo que necesitas hoy.
Una pregunta a la vez está bien.
Extrañar también merece palabras.
Los recuerdos, lo que falta y las preguntas que siguen contigo.
Toca una pregunta para abrirla.
¿Puedo extrañar a alguien que no recuerdo?
Lo que sientes tiene un lugar.
Puedes extrañar a alguien aunque tengas pocos recuerdos o ninguno. También puedes sentir que te faltan los momentos que querías vivir con esa persona.
Si te apetece, dibuja algo que te gustaría contarle. Puedes compartirlo con alguien de confianza.
¿Fue mi culpa que no estuviera?
No tenías que ganarte el cariño.
Que tu papá o tu mamá haya muerto o no esté contigo no significa que hiciste algo malo. Cuidarte era responsabilidad de los adultos.
Si no entiendes qué pasó, pídele a un adulto de confianza que te lo explique con palabras claras.
¿Puedo hablar de esto si ya crecí?
Tu historia sigue mereciendo escucha.
No tienes que dejar de hablar de algo solo porque pasó hace tiempo. Puedes contar qué significa esa ausencia para ti hoy.
Puedes empezar así: «Hay algo de mi infancia que todavía quiero compartir contigo».
Una pregunta a la vez está bien.
No hace falta explicarlo perfecto.
Unas pocas palabras pueden ser el comienzo de una conversación.
Toca una pregunta para abrirla.
¿Y si no sé cómo explicar lo que siento?
Puedes empezar con pocas palabras.
No hace falta tenerlo todo claro para pedir que te escuchen. Puedes hablar, escribir una nota o mostrar esta respuesta.
Prueba con: «Hay algo que me pone triste. Todavía no sé explicarlo. ¿Puedes escucharme?»
¿A quién puedo pedirle que me escuche?
Busca a alguien que te cuide.
Si eres niño o adolescente, puede ser un familiar, un docente o una persona adulta con quien te sientas seguro. Si alguien no te escucha, puedes buscar a otra persona.
Puedes decir: «Necesito hablar con un adulto de confianza. ¿Me ayudas a encontrar uno?»
Una pregunta a la vez está bien.